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    14 de julio de 2020

    Mendoza: Discriminación social y criminalización de la pobreza

    Secretario General de ATE Mendoza

    Opinión: Por Roberto Macho

    Desde hace tiempo en nuestra provincia se está impulsando, a través de hechos concretos y discursos de varios dirigentes políticos, a inducir en la sociedad en general que es normal que haya hambre en Mendoza, como si esa problemática social fuera algo natural. No obstante, resulta inadmisible y fuera de lugar en todo marco, naturalizar el hambre en parte de nuestra comunidad.

    Casos concretos de esto que planteamos se reflejan claramente en la política social y económica que tenemos, en cuanto los trabajadores o sectores de menor poder adquisitivo son relegados o escondidos en distintos puntos de la provincia, llámense villas, barrios populares, entre otros, que por lo general están alejados del microcentro o Km 0 de nuestras ciudades.

    En estos últimos treinta días esta situación quedo en relieve frente al conflicto municipal en plena capital de Mendoza, donde los trabajadores de la comuna citadina manifestaban una necesidad, frente a una realidad concreta: trabajar durante años más de 40 horas semanales con salarios muy por debajo de la línea de pobreza, quedando, tanto ellos como sus familias, excluidos de necesidades básicas como poder comer más de una vez por día; poder tener un servicio esencial como el agua, entre otras situaciones que dignifican la vida de cualquier persona.

    La carencia social y salarial estructural, junto con la discriminación y explotación por parte de distintas autoridades del municipio sobre esta realidad que ejecutan sobre los trabajadores Municipales de Capital, con cargas horarias exuberantes por salarios paupérrimos, ayudan a entender las conductas arbitrarias de funcionarios que perciben sueldos por encima de los $120.000, mientras los asalariados quedan por debajo de la pobreza extrema, con básicos que no superan los $13.100.

    El maltrato, y la violencia institucional y personal que ejercen sobre los trabajadores es tan cruel como inmensa. Solo con mencionar miserables reprimendas que padecen las bases, como no pagarles las horas trabajadas o suspenderlos por mirar a la cara a distintos capataces y funcionarios municipales, podemos dar cuenta de ello.

    Así, construyen una aberrante realidad para la clase obrera, en la que te sancionan por ser pobre y te persiguen por no tener fuerzas para palear más de 8 horas al día. Es la verdad, no hace falta irse a África, ni ver una documental de hace 200 años atrás sobre la esclavitud o la opresión, para abrir los ojos y ver que esto ocurre en la Capital de Mendoza.

    El problema radica en que los gobiernos quieren ocultar esta realidad a la sociedad, no sólo tratando de desmentir los hechos atroces, desviar el tema o politizar la situación, sino acallando reclamos pacíficos y dignos, contra los que se comenten terribles barbaridades propias de las épocas más oscuras de nuestra historia nacional, como es la represión de los trabajadores que manifiestan esta aberrante situación.

    De esta manera se criminaliza la pobreza y el grito de dignidad de los que padecen el hambre. Precisamente, esa criminalización se concretó en hechos, como los antes mencionados o por omisión, sabiendo que esta situación existe.

    Lo que hace falta es una verdadera política social y económica para poder mejorar la calidad de vida de estos trabajadores y ciudadanos, con una justa redistribución de la riqueza.

    Lo único que se encuentra en esta realidad es esa gran grieta social, que se plasma por parte de la dirigencia y de la sociedad. Nadie tiene que ser reprimido, ni excluido, porque todos tienen derechos. Ellos solo piden cobrar por lo que trabajan, quieren dignidad y no hambre. Esto se logra teniendo un diálogo sincero y constructivo, con los gobiernos y las instituciones que representan a los trabajadores, principalmente para no seguir revictimizando a los hoy están padeciendo este flagelo.

    Desde nuestro sindicato y central obrera, siempre estaremos junto a los trabajadores, más aun con los más vulnerables.


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